¿Celebridades promoviendo productos financieros? ¿Buena idea?

La publicidad siempre ha tenido mucho de engaño. Por supuesto que un actor o un futbolista no es un experto en finanzas e inversiones. Ahora en el caso FTX: ¿Las celebridades en la publicidad son cómplices o víctimas?

En esta industria, todos (en muchos aspectos) son vendedores acérrimos. La comunidad sabe perfectamente que esta industria necesita inyecciones constantes de capital para poder crecer. Por ende, la promoción se ha convertido en un estilo de vida para el criptoentusiasta promedio. 

Esta industria necesita de un ejército de promotores trabajando insaciablemente. Esta industria, en ese sentido, es prácticamente el Herbalife del mundo financiero. El término “evangelista” no es del todo inadecuado. Porque sí se siente algo bastante religioso en esa pasión de sobredimensionar las oportunidades y minimizar los riesgos de Bitcoin y las demás criptomonedas. Se tiende a idealizar el producto con narrativas diseñadas para obtener una reacción más emotiva que racional.

Debemos recordar que este sigue siendo un mercado dominado por el minorista amateur. Y el minorista amateur es más “manipulable” con la promoción y la publicidad. Los más duros se ganan con ideología. La corriente libertaria, anarco-capitalista y conservadora suele potenciar su identidad política en esta nueva causa. Y las redes sociales son el entorno perfecto para el radicalismo. De hecho, Twitter y Youtube son una fábrica muy eficiente de fanatismo.

La ideología es para el inversor idiosincrático lo que la codicia es para la persona común. O sea, en el fondo, no hay mejor promotor para Bitcoin y las criptomonedas que una buena subida del precio. Y muchas exchanges y criptoempresas sí han buscado aprovechar la codicia en el ambiente utilizando la imagen de una celebridad en el contexto de una campaña publicitaria.

Podría parecer absurdo escuchar consejos financieros de un futbolista o un actor. Sin embargo, la aceptación por parte del público se hace a nivel emocional. Si tu celebridad favorita apoya a un determinado exchange, en cuestión de segundos, ese exchange se vuelve, como por arte de magia, en más confiable. La lógica va algo así: Si tienen el dinero para pagarle a esa celebridad, el negocio no debe ser tan malo. Además, seguro que una celebridad de ese nivel no se va a prestar para cosas malas. 

En la mayoría de los casos, sin embargo, estas celebridades venden su imagen al mejor postor. Bueno, hay que recordar que la publicidad representa, para la mayoría, un porcentaje bastante elevado de sus ingresos totales. Y no todos investigan a sus clientes como deberían. Toman el dinero. Y listo. Luego, hacen lo que tengan que hacer. En muchos casos, es simplemente un asunto de conveniencia o ingenuidad. ¿Para qué indagar más si todo luce bien?

La publicidad para la celebridad es un negocio. Lo hace por el dinero. Por supuesto que no es muy buena idea tomar una campaña publicitaria liderizada por una celebridad por la opinión objetiva de un experto. Aquí no estamos descubriendo el agua tibia. La publicidad es engañosa. Ese champú no te hará lucir como la supermodelo en el anuncio. Lo más probable, de hecho, es que la modelo del anuncio use otro producto en la privacidad de su casa. Pero hace el anuncio por el dinero. Así de sencillo.

¿La celebridad en una campaña publicitaria es responsable por las acciones de la compañía que lo contrató? Compleja pregunta. En muchos casos, las celebridades son tan víctimas del engaño como los inversores y los clientes. Sam Bankman-Friedman, por ejemplo, engañó a medio mundo. Engañó a sus empleados, a sus inversores, a sus clientes, a los medios y a los políticos. Es decir, no todos son cómplices de la fechoría. Muchos se dejaron seducir por ingenuidad, por codicia, o por conveniencia. O sea, si todos decían que se trataba de una operación seria, entonces, se subieron a ese bus sin muchas preguntas. Nadar a contracorriente nunca es fácil.

Larry David, Tom Brady, Giselle Bündchen, Shaquille O’Neal, Stephen Curry y otros han sido nombrados en una demanda colectiva que los acusa de usar medios engañosos para atraer clientes a invertir en FTX.

Ahora bien, yo no soy abogado. Las leyes no son mi especialidad. Además, no conozco todos los detalles del caso. Sé lo que he podido leer en un par de artículos. Sin embargo, debo confesar que esa demanda me parece bastante curiosa. Obvio que la caída de FTX ha sido un golpe a la credibilidad para todo el que en algún momento dijo algo bueno sobre el exchange. Sin embargo, la cercanía o la asociación no necesariamente implica complicidad maliciosa. Sam Bankman-Fried engañó a todos por igual.

Lo que sí resulta evidente es que la estrategia de la plataforma era atraer al inversor no sofisticado. El inversor experto y el inversor institucional, por lo general, son más exigentes a la hora de dar su dinero. Es decir, esta es una industria construida sobre el minorista amateur haciendo vida en las redes sociales. Por ejemplo. El youtuber, cuya meta es vender su curso para monetizar su canal, se apoya en técnicas muy similares a las utilizadas por todos los demás. Muchos tuiteros adoptan un discurso sensacionalista, politizado y polarizante con la intención de incrementar el número de seguidores. Y el individuo se radicaliza, porque encuentra una identidad y un sentido de pertenencia en la nueva causa. Entonces, se podría decir que el gran negocio de muchos es hacer dinero del inversor no sofisticado.

Por supuesto que Sam Bankman-Fried engañó a todos por igual. Engañó a minoristas. Y engañó a inversores institucionales. Softbank y Sequoia, por ejemplo, también perdieron dinero por confiar en SBF. En lo personal, pensé que ellos sí habían hecho la tarea. Pero, al parecer, ellos también cayeron en el engaño. Nadie se siente muy mal por ellos. Porque estas instituciones conocían muy bien los riesgos. Y estas instituciones sí gestionan esos riesgos. No podemos decir lo mismo de todos los minoristas. 

He ahí el gran detalle de todo esto. En realidad, no hay nada malo en promocionar. Después de todo, el panadero obviamente necesita vender su pan. Eso es válido. Podemos vender y promocionar. No hay problema. Todos tenemos que poner el pan en la mesa de alguna manera. Pero la venta siempre debe ser honesta. Eso implica que la descripción del producto debe ser balanceada y objetiva. Se debe hablar de las oportunidades y se debe hablar de los riesgos. Lo bueno y lo malo. O sea, no podemos pintar todo en color de rosas.

La gente por lo general ve lo que quiere ver y escucha lo que quiere escuchar. Si hablas de que los precios se irán a la luna en los próximos días, la reacción del público suele ser sumamente positiva. Entonces, la tentación para vender una fantasía es muy fuerte, porque los incentivos son muchos. Por otro lado, la sinceridad no es muy popular. La verdad ofende. Y las personas generalmente se molestan al leer algo que contradice sus ideas preconcebidas. Sé que no es fácil. Pero hay que contar toda la historia de la manera más objetiva posible. De pronto, no serás el sujeto más popular de Internet. Sin embargo, con el tiempo, te convertirás en una fuente creíble y confiable.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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